Lima
2019-07-05
Mi viaje arranca en Lima, una ciudad caótica como pocas. El tránsito es un espectáculo en sí mismo: si te mueves en taxi o Uber, es probable que tardes más que en transporte público. Nosotros cometimos el primer error y nos tomamos un taxi y tardamos una hora en recorrer apenas 8 km. Es como si existiera un campeonato de bocinas: todos compiten a ver quién hace más ruido.
Nuestro hostel, el Parinawa de Miraflores, se encuentra muy bien ubicado y un ambiente que te pone de buen humor apenas entrás. En los pasillos ya te cruzabas con viajeros de todo el mundo, muchos europeos, varios israelíes y bastante gente de montaña. La mezcla de acentos y mochilas ya te hacía sentir que el viaje había comenzado.
Nuestra primera parada tras el check-in fue la Plaza Mayor de Lima. Esta plaza denota el poderío de los españoles en América; es realmente gigante y es el principal espacio público de la ciudad. Alrededor, puestos callejeros y restaurantes que te invitan a probar de todo: envolviéndote poco a poco con la cultura peruana.
Lo que más me sorprendió en la plaza fue un cartel que decía "queso helado", y mi primera reacción fue: debe ser súper raro, sin embargo no me generó interés por probarlo. Spoiler: lo probé al final del viaje, y en realidad no es queso.
Después de tantas horas de viaje ya no quedaba energía para mucho más. Cerramos el día con una cena ligera: "papas a la huancaína", todavía puedo recordar el sabor al nombrarlo.

